23-3-2011
ENTRE ELLOS SALIERON DECENAS DE COMBATIENTES VOLUNTARIOS A LA GUERRA IRAQUÍ La oposición se conforma con profesionales, pro democracia y fieles a la vieja monarquía
POR FRANCISCA OTEGUI DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
En la importante coyuntura histórica que Libia está atravesando en estos momentos, nos encontramos en un punto de inflexión con solo dos soluciones. O alcanzamos la libertad y corremos por ponernos al día con el desarrollo de la humanidad y el mundo; o nos quedamos encadenados y esclavizados bajo los pies del tirano Muammar Gadafi». Así empieza la declaración del Consejo Transitorio Libio, documento que sirve de carta de presentación del organismo en su sitio en internet.
El flamante órgano político de los rebeldes, creado de forma oficial el 5 de marzo, cuenta con el apoyo de sus 31 miembros, muchos profesionales de mentalidad secular -abogados, académicos, empresarios- que hablan de democracia, transparencia y derechos humanos, según lo publicó el diario estadounidense The New York Times. Pero el compromiso de estos hombres con tan altos ideales está todavía por verse.
Antes de la intervención extranjera en Libia, era la palabra del dictador contra la de los sublevados. Y, como argumenta Ramón Lobo en El País de Madrid, al mundo se le hizo más fácil separar a los protagonistas del conflicto en «buenos y «malos». En una esquina, Muammar Gadafi, con 42 años de cruel dictadura en sus hombros. En la otra, «los rebeldes». Pero quiénes son los hombres detrás de este rótulo, no se responde tan rápido.
Para entender a los dos bandos hace falta remontarse a la realidad libia antes de la revolución de 1969, antes de Gadafi. Dividido en tres provincias diferentes -cada una agrupando una multitud de tribus de pastores-, el país norteafricano conformaba un reino bajo el mando de Idris I. Una nación que veía en la violencia su principal fuente de justicia.
Si bien el coronel Gadafi trabajó duro para forjar un Estado único a partir de las 140 tribus que se esparcían en el amplio territorio subsahariano, sus esfuerzos no fueron tales en lo que se refería a suavizar las costumbres violentas del país emergente. Más bien tal tradición alimentó el establecimiento eficaz de su nuevo régimen. Y en cuanto a la división interna en Libia -enfrentamiento tan arraigado que le permite a algunos hablar de guerra civil en lugar de lucha por la democracia- la región del este siempre fue foco de oposición a Gadafi. Este sentimiento se explica en parte por la pérdida del favoritismo del rey anterior.
En el actual tiempo de revueltas, muchos de los desertores más importantes -entre ellos el general Abdul Fattah Younes, jefe del Ejército rebelde y ex ministro de Interior- provienen de estas tribus del este.
Con todo, la inversión de Gadafi -con el dinero del petróleo- en escuelas y hospitales sirvió para paliar la situación de los más pobres y desprotegidos, uniendo un poco más a la población semi nómada y dejando de lado algunas de las diferencias heredadas.
En otro lugar de la historia, Libia figura como el principal exportador por cabeza de combatientes extranjeros a Irak. Así lo registra The Christian Science Monitor y establece que la gran mayoría de los voluntarios libios en la guerra iraquí procedían, concretamente, de la región oriental. La misma zona que hoy intenta proteger la comunidad internacional. Nada indica que estos hombres pertenezcan al Grupo Libio de Lucha Islámica, la fracción de Al Qaeda que se cree suministró a la oposición iraquí en su momento.
La falta de información objetiva, por la escasez de periodistas en el país, deja lugar para infinidad de deducciones. Por esta razón surge la paradoja de que lo único cierto en Libia es que las certezas son pocas.
Los rebeldes presentan otro interrogante para los aliados
23/Mar/2011
El Observador, Francisca Otegui